¿Como afectan los cambios de temperatura en tu cuerpo?

Nuestro cuerpo mantiene su temperatura gracias a un equilibrio entre la producción corporal de calor (movimientos, tiritonas…) y la disipación corporal del mismo (sudor, aumento de la frecuencia de la respiración…). Sin embargo, estos mecanismos pueden ser insuficientes en circunstancias en las que las temperaturas son extremas o existen altos grado de humedad ambiental. Los niños, sobre todo los niños muy pequeños y lactantes, al igual que adultos mayores son vulnerables a estos cambios de temperatura ya que sus sistemas de respuesta a los cambios de temperatura no son los adecuados. Además, no tienen suficiente actividad física espontánea que les ayude a entrar en calor o a avisar claramente de que tienen frío o calor. Todo esto se traduce en un mayor riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con los cambios de temperatura.

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El frío afecta la salud de los niños de diversas maneras, especialmente cuando es intenso. Además de las enfermedades que están directamente ligadas al frío (como los cuadros de hipotermia o congelación), en determinadas circunstancias, las bajas temperaturas pueden debilitar las defensas de nuestro organismo y producir cambios en el aparato respiratorio que favorecen la aparición de enfermedades respiratorias, o empeorar los problemas respiratorios que sufren algunas personas. Las temperaturas bajas hacen que las pequeñas vellosidades que hay en la nariz y que tienen la función de retener los microorganismos dañinos del aire que respiramos mediante movimientos, tiendan a paralizarse. De esta forma, se favorece la entrada de los mismos a las vías respiratorias altas. Esta entrada se ve favorecida aún más en los casos de frío extremo, cuando la piel que recubre la parte interior de la nariz (mucosa nasal) no consigue cumplir su función de calentar el aire que entra a los pulmones, dando lugar a que los microorganismos penetren hasta lugares más profundos de las vías respiratorias. El calor también puede afectar a la salud de los niños en forma de un amplio espectro de efectos sobre la salud, desde las enfermedades más leves (como la sudamina) hasta los famosos golpes de calor, en verano o primavera. Todas ellas son el resultado de una exposición excesiva al calor de forma repentina unida a una incapacidad del cuerpo para disipar el propio calor producido.

No obstante, no hay que olvidar que un cambio de temperatura brusco no siempre es sinónimo de enfermedad ya que el desarrollo de la misma depende también de otros factores, como la presencia o no de microorganismos que produzcan una infección o la capacidad defensiva corporal específica de cada persona.

 

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